Abel Hernández, Historias de la Alcarama. Este libro es una larga carta del autor a la menor de sus hijas, en la que le habla de Sarnago, el pueblo en el que nació en 1937, y de sus alrededores, en las Tierras Altas del norte de la provincia de Soria. Hoy, Sarnago y otros pueblos cercanos no son más que ruinas deshabitadas de las que se van adueñando la soledad y la maleza; por esto el libro tiene un tono evocador, elegíaco, como si el autor levantara acta de lo que fue y rindiera homenaje a los últimos habitantes de la zona, en un intento de que no se pierda del todo su memoria. (Gadir. 240 págs. 18 €.).
Bora Cosic, El papel de mi familia en la revolución mundial. Esta breve novela que cuenta las vicisitudes de una familia en la ciudad de Belgrado en la década de los años 40, fue publicada en 1969 en una edición artesanal. Un mes después, consiguió el premio literario más importante de Yugoslavia. Cosic (1932) describe el microcosmos de una familia unida, pero muy especial. Su obsesiva madre tiene frecuentes crisis nerviosas; su padre tiene una desmedida afición al alcohol; su tío es un mujeriego empedernido; y su abuelo transmite en sus comentarios un divertido y afilado cinismo. Aunque la familia del joven narrador no es ni modélica ni ejemplar, sí que transmite un generoso orgullo de lo que significó la familia en aquellos especiales años. (Minúscula. 151 págs. 13,50 €.).
Carmen Riaza Molina, Recuerde el alma. La autora se ha documentado a fondo sobre la vida del poeta Jorge Manrique (1440-1479). De hecho, sólo ha “novelado ligeramente algunas situaciones de la vida familiar y cotidiana”. Riaza cuenta muy bien los sucesos históricos de aquella época compleja, en la que la familia de los Manrique destaca por su lealtad y honradez. Junto a esto, trata de introducirnos en la intimidad del gran poeta-guerrero y de mostrar sus dudas, sufrimientos, su sensibilidad en medio de su agitada vida, y cómo poco a poco fueron fraguándose sus inmortales Coplas a la muerte de su padre. (Cultivalibros. 194 págs. 14 €.).
Eudora Welty, La hija del optimista. En esta novela se cuenta la inesperada muerte del juez McKelva. Para atenderle durante la enfermedad, acude su hija Laurel. Y será Laurel la que lleve el peso de la narración, pues a través de ella asistimos a los funerales y al entierro; a su tensa relación con la segunda mujer de su padre, Fay, más joven que Laurel, una mujer caprichosa y de escasa educación; y, sobre todo, al encuentro de Laurel con su pasado. Welty tiene una peculiar manera de contar las cosas: no abusa ni de la nostalgia. Además de esta novela, también se ha editado Cuentos completos, volumen en Lumen que contiene sus cuatro libros de relatos. (Impedimenta. 232 págs. 18,27 €.).
Fernando Iwasaki, España, aparta de mí estos premios. De ascendencia japonesa y afincado en Sevilla desde hace más de veinte años, Iwasaki (Lima, 1961) juega en esta obra con estrambóticas situaciones envueltas en “incorrección política”, que ponen en solfa la hipertrofiada actividad pseudo literaria que trata de vestir con un ropón cultural la actuación de tantas asociaciones y organismos, que convocan estos premios sólo porque la cultura está de moda. Iwasaki emplea un procedimiento ingenioso y desternillante, tras el que trasluce la mirada de compresión propia de un sanísimo humor. Nadie podrá sentirse herido: ni catalanes ni vascos, ni andaluces, sevillistas o béticos, sean de derechas o de izquierdas o “antisistema”. (Páginas de Espuma. 160 págs. 15 €.).
Fred Chappell, Me voy con vosotros para siempre. Escrita como si se tratasen de los recuerdos infantiles del narrador, esta divertida novela cuenta la infancia de Jess en una granja de Carolina del Norte. Allí viven su padre, ocurrente y gamberro, su madre, que ejerce de maestra, y la abuela, que lleva el control de la granja. La última persona que se integra en la vida familiar, es Johnson Gibbs, un adolescente huérfano que contratan como bracero. Jess describe la vida doméstica en la granja, salpicada de desternillantes y ocurrentes anécdotas protagonizadas por sus excéntricos familiares. (Libros del Asteroide. 240 págs. 17,95 €.).
Humphrey Slater, El conspirador. Nacido en 1906 en Inglaterra, la vida de Slater estuvo marcada por la Guerra Civil española. Ingresó en el Partido Comunista y combatió con las Brigadas Internacionales. Como tantos otros, esta experiencia propició un radical desengaño del comunismo. En España se han publicado ahora sus primeras novelas: Los herejes (1947), con el trasfondo de la guerra civil; y El conspirador (1948). En ésta se cuenta el matrimonio entre la joven Harriet y Desmond, comandante de la Guardia de Granaderos, que lleva una doble vida. La novela comienza con el enamoramiento de los dos personajes, con escenas un tanto tópicas y algunas subidas de tono. Pronto, sin embargo, la acción se centra en las actividades secretas de Desmond como espía para los soviéticos y las cada vez más tensas relaciones con su mujer. (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. 216 págs. 16 €.
Bora Cosic, El papel de mi familia en la revolución mundial. Esta breve novela que cuenta las vicisitudes de una familia en la ciudad de Belgrado en la década de los años 40, fue publicada en 1969 en una edición artesanal. Un mes después, consiguió el premio literario más importante de Yugoslavia. Cosic (1932) describe el microcosmos de una familia unida, pero muy especial. Su obsesiva madre tiene frecuentes crisis nerviosas; su padre tiene una desmedida afición al alcohol; su tío es un mujeriego empedernido; y su abuelo transmite en sus comentarios un divertido y afilado cinismo. Aunque la familia del joven narrador no es ni modélica ni ejemplar, sí que transmite un generoso orgullo de lo que significó la familia en aquellos especiales años. (Minúscula. 151 págs. 13,50 €.).
Carmen Riaza Molina, Recuerde el alma. La autora se ha documentado a fondo sobre la vida del poeta Jorge Manrique (1440-1479). De hecho, sólo ha “novelado ligeramente algunas situaciones de la vida familiar y cotidiana”. Riaza cuenta muy bien los sucesos históricos de aquella época compleja, en la que la familia de los Manrique destaca por su lealtad y honradez. Junto a esto, trata de introducirnos en la intimidad del gran poeta-guerrero y de mostrar sus dudas, sufrimientos, su sensibilidad en medio de su agitada vida, y cómo poco a poco fueron fraguándose sus inmortales Coplas a la muerte de su padre. (Cultivalibros. 194 págs. 14 €.).
Eudora Welty, La hija del optimista. En esta novela se cuenta la inesperada muerte del juez McKelva. Para atenderle durante la enfermedad, acude su hija Laurel. Y será Laurel la que lleve el peso de la narración, pues a través de ella asistimos a los funerales y al entierro; a su tensa relación con la segunda mujer de su padre, Fay, más joven que Laurel, una mujer caprichosa y de escasa educación; y, sobre todo, al encuentro de Laurel con su pasado. Welty tiene una peculiar manera de contar las cosas: no abusa ni de la nostalgia. Además de esta novela, también se ha editado Cuentos completos, volumen en Lumen que contiene sus cuatro libros de relatos. (Impedimenta. 232 págs. 18,27 €.).
Fernando Iwasaki, España, aparta de mí estos premios. De ascendencia japonesa y afincado en Sevilla desde hace más de veinte años, Iwasaki (Lima, 1961) juega en esta obra con estrambóticas situaciones envueltas en “incorrección política”, que ponen en solfa la hipertrofiada actividad pseudo literaria que trata de vestir con un ropón cultural la actuación de tantas asociaciones y organismos, que convocan estos premios sólo porque la cultura está de moda. Iwasaki emplea un procedimiento ingenioso y desternillante, tras el que trasluce la mirada de compresión propia de un sanísimo humor. Nadie podrá sentirse herido: ni catalanes ni vascos, ni andaluces, sevillistas o béticos, sean de derechas o de izquierdas o “antisistema”. (Páginas de Espuma. 160 págs. 15 €.).
Fred Chappell, Me voy con vosotros para siempre. Escrita como si se tratasen de los recuerdos infantiles del narrador, esta divertida novela cuenta la infancia de Jess en una granja de Carolina del Norte. Allí viven su padre, ocurrente y gamberro, su madre, que ejerce de maestra, y la abuela, que lleva el control de la granja. La última persona que se integra en la vida familiar, es Johnson Gibbs, un adolescente huérfano que contratan como bracero. Jess describe la vida doméstica en la granja, salpicada de desternillantes y ocurrentes anécdotas protagonizadas por sus excéntricos familiares. (Libros del Asteroide. 240 págs. 17,95 €.).
Humphrey Slater, El conspirador. Nacido en 1906 en Inglaterra, la vida de Slater estuvo marcada por la Guerra Civil española. Ingresó en el Partido Comunista y combatió con las Brigadas Internacionales. Como tantos otros, esta experiencia propició un radical desengaño del comunismo. En España se han publicado ahora sus primeras novelas: Los herejes (1947), con el trasfondo de la guerra civil; y El conspirador (1948). En ésta se cuenta el matrimonio entre la joven Harriet y Desmond, comandante de la Guardia de Granaderos, que lleva una doble vida. La novela comienza con el enamoramiento de los dos personajes, con escenas un tanto tópicas y algunas subidas de tono. Pronto, sin embargo, la acción se centra en las actividades secretas de Desmond como espía para los soviéticos y las cada vez más tensas relaciones con su mujer. (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. 216 págs. 16 €.

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