16 mar 2015

Atrévete a ser feliz

Jóvenes, atrévanse a ser felices
“Queridos jóvenes, todas las personas de todos los tiempos y de cualquier edad buscan la felicidad. Dios ha puesto en el corazón del hombre y de la mujer un profundo anhelo de felicidad, de plenitud. ¿No notáis que vuestros corazones están inquietos y en continua búsqueda de un bien que pueda saciar su sed de infinito?”.
Para ilustrar en qué consiste la verdadera bienaventuranza, Francisco se remonta a los orígenes del ser humano, el momento de la creación, en que aquel vivía en comunión perfecta con Dios, con sus semejantes y con la naturaleza. “Todo era limpio y claro”, hasta que el hombre y la mujer quebraron el estrecho vínculo de comunión y confianza con Dios, y abrieron las puertas al pecado, con consecuencias dramáticas.
Con la irrupción del pecado, “la brújula interior que los guiaba en la búsqueda de la felicidad pierde su punto de orientación y la tentación del poder, del tener y el deseo del placer a toda costa los lleva al abismo de la tristeza y de la angustia”, un abismo del que solo Dios los puede rescatar por medio de su Hijo.
Es el propio Jesús quien mejor conoce cómo han sido defraudadas las expectativas de los jóvenes contemporáneos. “Es Él la belleza que tanto les atrae; quien les empuja a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él quien les lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar. Es Jesús el que suscita en ustedes el deseo de hacer de su vida algo grande”.
Pureza, la del corazón
Para que llegue ese “algo grande”, es necesario “limpiar” el corazón, algo que Jesús les dejó claro en su momento a los que ponían el acento en rituales con agua que, en apariencia, “purificaban” exteriormente al hombre, pero que dejaban intacta la carga de podredumbre escondida en su corazón: “los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad”.
Francisco pide a los jóvenes atender al hecho de que la mayoría de estas desviaciones nacen en el contexto de las relaciones con los demás, por lo que cada uno debe aprender a detectar todo aquello que “contamina” su corazón y ser capaz de discriminar entre lo que agrada a Dios y aquello que Él aborrece.
“El bien más precioso que podemos tener en la vida es nuestra relación con Dios. ¿Lo creen así de verdad? ¿Son conscientes del valor inestimable que tienen a los ojos de Dios? ¿Saben que Él los valora y los ama incondicionalmente? Cuando esta convicción desaparece, el ser humano se convierte en un enigma incomprensible, porque precisamente lo que da sentido a nuestra vida es sabernos amados incondicionalmente por Dios”.
Rebelarse contra la banalización del amor
El Papa Francisco destaca la gran capacidad de amar y ser amado que emerge durante la juventud, e invita a chicos y chicas a no permitir que se falsee, destruya o menoscabe el amor, lo que es peligrosamente posible cuando se hace del prójimo un objeto que puede ser utilizado para satisfacer el propio egoísmo.
En tiempo en que menudean como nunca antes las definiciones confusas y erróneas acerca del amor, el Obispo de Roma remite a los jóvenes a la detallada catequesis de San Pablo sobre el tema, en Corintios 13: “El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es maleducado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca”.
Francisco pide a los jóvenes pasar a la acción. Les pide “rebeldía” para rechazar activamente la tendencia a banalizar el amor, que ha sido reducido casi exclusivamente a su dimensión sexual, sin que importen para nada factores tan inherentes a él como la belleza, la comunión, la fidelidad y la responsabilidad.
El Papa convoca a las nuevas generaciones a ser “revolucionarias” y desafiar las tendencias de un ambiente cultural que privilegia lo temporal y lo relativo: “Les pido que se rebelen contra esta cultura de lo provisional, que, en el fondo, cree que ustedes no son capaces de asumir responsabilidades, que no son capaces de amar verdaderamente. Yo tengo confianza en ustedes, jóvenes, y pido por ustedes. Atrévanse a ‘ir contracorriente’. Y atrévanse también a ser felices”.
Asimismo, les recomendó aprovechar la inquietud juvenil por explorar la realidad, para así descubrir el rico Magisterio de la Iglesia en el área de las relaciones de pareja. “Verán que el cristianismo no consiste en una serie de prohibiciones que apagan sus ansias de felicidad, sino en un proyecto de vida capaz de atraer nuestros corazones”, aseguró.