Jóvenes, atrévanse a
ser felices
“Queridos
jóvenes, todas las personas de todos los tiempos y de cualquier edad buscan la
felicidad. Dios ha puesto en el corazón del hombre y de la mujer un profundo
anhelo de felicidad, de plenitud. ¿No notáis que vuestros corazones están
inquietos y en continua búsqueda de un bien que pueda saciar su sed de
infinito?”.
Para ilustrar
en qué consiste la verdadera bienaventuranza, Francisco se remonta a los orígenes
del ser humano, el momento de la creación, en que aquel vivía en comunión
perfecta con Dios, con sus semejantes y con la naturaleza. “Todo era limpio y
claro”, hasta que el hombre y la mujer quebraron el estrecho vínculo de
comunión y confianza con Dios, y abrieron las puertas al pecado, con
consecuencias dramáticas.
Con la
irrupción del pecado, “la brújula interior que los guiaba en la búsqueda de la
felicidad pierde su punto de orientación y la tentación del poder, del tener y
el deseo del placer a toda costa los lleva al abismo de la tristeza y de la
angustia”, un abismo del que solo Dios los puede rescatar por medio de su Hijo.
Es el propio
Jesús quien mejor conoce cómo han sido defraudadas las expectativas de los
jóvenes contemporáneos. “Es Él la belleza que tanto les atrae; quien les empuja
a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él quien les lee en el corazón las
decisiones más auténticas que otros querrían sofocar. Es Jesús el que suscita
en ustedes el deseo de hacer de su vida algo grande”.
Pureza, la del corazón
Para que
llegue ese “algo grande”, es necesario “limpiar” el corazón, algo que Jesús les
dejó claro en su momento a los que ponían el acento en rituales con agua que,
en apariencia, “purificaban” exteriormente al hombre, pero que dejaban intacta
la carga de podredumbre escondida en su corazón: “los malos propósitos, las
fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes,
desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad”.
Francisco
pide a los jóvenes atender al hecho de que la mayoría de estas desviaciones
nacen en el contexto de las relaciones con los demás, por lo que cada uno debe
aprender a detectar todo aquello que “contamina” su corazón y ser capaz de
discriminar entre lo que agrada a Dios y aquello que Él aborrece.
“El bien más
precioso que podemos tener en la vida es nuestra relación con Dios. ¿Lo creen
así de verdad? ¿Son conscientes del valor inestimable que tienen a los ojos de
Dios? ¿Saben que Él los valora y los ama incondicionalmente? Cuando esta
convicción desaparece, el ser humano se convierte en un enigma incomprensible,
porque precisamente lo que da sentido a nuestra vida es sabernos amados
incondicionalmente por Dios”.
Rebelarse contra la
banalización del amor
El Papa
Francisco destaca la gran capacidad de amar y ser amado que emerge durante la
juventud, e invita a chicos y chicas a no permitir que se falsee, destruya o
menoscabe el amor, lo que es peligrosamente posible cuando se hace del prójimo
un objeto que puede ser utilizado para satisfacer el propio egoísmo.
En tiempo en
que menudean como nunca antes las definiciones confusas y erróneas acerca del
amor, el Obispo de Roma remite a los jóvenes a la detallada catequesis de San
Pablo sobre el tema, en Corintios 13: “El amor es paciente, afable; no tiene
envidia; no presume ni se engríe; no es maleducado ni egoísta; no se irrita; no
lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la
verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin
límites. El amor no pasa nunca”.
Francisco
pide a los jóvenes pasar a la acción. Les pide “rebeldía” para rechazar
activamente la tendencia a banalizar el amor, que ha sido reducido casi
exclusivamente a su dimensión sexual, sin que importen para nada factores tan
inherentes a él como la belleza, la comunión, la fidelidad y la
responsabilidad.
El Papa
convoca a las nuevas generaciones a ser “revolucionarias” y desafiar las
tendencias de un ambiente cultural que privilegia lo temporal y lo relativo:
“Les pido que se rebelen contra esta cultura de lo provisional, que, en el
fondo, cree que ustedes no son capaces de asumir responsabilidades, que no son
capaces de amar verdaderamente. Yo tengo confianza en ustedes, jóvenes, y pido
por ustedes. Atrévanse a ‘ir contracorriente’. Y atrévanse también a ser
felices”.
Asimismo, les
recomendó aprovechar la inquietud juvenil por explorar la realidad, para así
descubrir el rico Magisterio de la Iglesia en el área de las relaciones de
pareja. “Verán que el cristianismo no consiste en una serie de prohibiciones
que apagan sus ansias de felicidad, sino en un proyecto de vida capaz de atraer
nuestros corazones”, aseguró.
