Se habla de crisis de valores y se habla de la moralidad o la eticidad como de algo privado, que pertenece y depende de cada persona. Para poder referirse a la moralidad como algo privativo de cada uno, sería necesario saber de qué estamos hablando, o sea, tenemos que tener una noción de eso que decimos que es privado. Por eso querría avanzar una definición de valor moral, para, desde ella, discutir si verdaderamente los valores poseen universalidad o si, por el contrario, son individuales o privados.
Si quisiéramos una definición de valor moral podríamos decir que es aquello por lo que vivimos y, en ese sentido, lo que nos hace vivir mejor, o sea, más humanamente. Para una definición más precisa diríamos que los valores son dignidades de las cosas, de las actividades y de las realizaciones de las personas y, sobre todo, de las propias personas, que se descubren y se ponen de manifiesto mediante la actividad cultural.
Lo valioso moralmente es lo que nos acerca más al modelo de humanidad que poseemos, aquello por cuya consecución vale la pena ponerse en acción; en ese sentido lo valioso es lo digno, lo que vale la pena; con una peculiaridad muy especial: lo digno a la vez me dignifica. El mejor ejemplo de lo valioso es aquello que amamos y que, siendo para nosotros lo que posee más dignidad, nos dignifica a nosotros; por eso aquello de lo que nos sentimos más orgullosos es aquello que amamos, y amar lo más digno, lo más amable implica hacernos dignos. Podríamos decir a este respecto algo así como dime lo que amas y te diré quién eres. Por eso lo valioso ha de escogerse de entre las muchas baratijas que a menudo se nos ofrecen (aquello que proporciona el éxito, la
popularidad, el aplauso, la comodidad …). Lo más valioso es justamente la persona humana; cuando se habla de la dignidad de ésta se alude a su valor. Si creemos que la dignidad de la persona es intocable es porque estamos convencidos de que posee un valor incalculable, no cuantificable.
Los valores tienen una vocación de universalidad, pretenden ser abrazados por todos porque se supone que humanizan de suyo. Parece que la amistad no puede hacer daño a nadie, a menos que la propongamos desde un punto de vista ideal, no real. Si alcanzásemos a dar una definición lo suficientemente completa y ajustada de la amistad, de la solidaridad o del afán de superación personal, si llegásemos a poder definirlas esencialmente, parece que esos valores servirían de ideales de vida, o sea, serían realmente valores. Tal es la peculiaridad fundamental del valor moral, su idealidad no los convierte en partes de una teoría, sino en modelos de acción práctica.
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El Samu